Erik González: “Nuestros productos ilustran la cultura de México a través de sus patrones étnicos y colores vibrantes”

Juan Carlos Moreno entrevista a Erik González y Adriana Ares, fundadores de SieteFibras, una empresa pionera en el reciclaje textil en América, fabricante de mantas y sudaderas con bonitos estampados de estilo mexicano. La empresa estará en BioCultura BCN. Hablamos con Erik.

¿Por qué podemos decir que Siete Fibras es una empresa de textil sostenible?
Desde hace más de 40 años adquirimos con distintos fabricantes textiles el recorte y  pequeños trozos de tela sobrante, considerado como desperdicio. Ese desperdicio, para nosotros, es materia prima que se junta, clasifica y destruye para producir hilo. Creamos piezas textiles coloridas sin utilizar agua, tintes o procesos químicos en ninguna etapa de nuestra producción. Fabricamos productos nuevos a partir de fibras destinadas al vertedero.

LA IDEA
¿Cómo surgió la idea de recuperar la prenda y estampado tradicional de México?

Nuestros productos ilustran la cultura de México a través de sus patrones étnicos y colores vibrantes. Retomamos diseños y prendas desplazados por fibras sintéticas provenientes de Asia principalmente. Mantenemos el arte de trabajar el telar y terminar piezas de forma manual una a una, como se hacía hace muchos años en la industria textil…


 ¿Qué ofrecéis, más allá de lo ambiental, en lo estético?
Las fibras, una vez convertidas en hilo, son tejidas en patrones que permiten transpirabilidad, mayor calidez, comodidad y textura. El afelpado interno de nuestras sudaderas brinda mayor calidez y las mantas cuentan con tejido muy abierto, y por ello son muy suaves y resistentes.

DESPERTAR Y CONSCIENCIA
¿Cómo veis el sector del textil sostenible tras la pandemia?

En el aspecto de consumo textil la pandemia ha incrementado la conciencia sobre la preservación en general. El consumismo consciente… rescatar y reutilizar. Ese despertar consciente se ve reflejado hoy en la búsqueda de productos hechos con contenido reciclado a precios accesibles.

¿Y cómo veis, también, el sector “bio” en general? ¿Hacia dónde se dirige?
Si ya había un “boom” en este sector, durante la pandemia y ante la escasez de materia prima se vio un incremento considerable con el surgimiento de muchas empresas que cambiaron sus líneas de producción hacia el universo ecológico. Utilización de energías sostenibles, así como uso de productos reciclados, son, también, hoy, una realidad que llegó para quedarse. Y embalajes cada vez más sencillos y sostenibles.

LOS CLIENTES
¿Quién compra este tipo de mantas y sudaderas?

Nuestras mantas están presentes en un 90% de los salones de yoga en EE.UU. Amantes de los exteriores, la playa o montaña… son nuestros clientes. Indispensable en campings y adictos a la vida Van. Para decoración de interiores rurales, o el mejor regalo para tu mascota en cualquier época del año. Las sudaderas Baja o Ponchos resurgen como un disfraz para hippies y bohemios de la nueva era con sus propios enfoques. Prendas que nacen y viven por la cultura Surfer en las playas de Baja California. Universitarios y viajeros. Adictos al campo y la playa. Al ruido de la ciudad y la adrenalina del skate. Prenda indispensable para ir a ese festival de música, día de descanso en casa o simplemente porque siempre quisiste usar una…

¿Con qué nos vais a sorprender en BioCultura BCN?
Llevamos nuevo surtido en colores de mantas. Más tallas para todos los tamaños en sudaderas, precios de mayoreo y un producto que recién iniciaremos a comercializar en España: bolsas para playa o “Tote Bags” hechas con nuestra tela de fibras 100% recicladas. ¡Este año llevamos mezcal para los visitantes y alguna que otra sorpresa!
 

Glòria Figueres (Blaugab) “Pasamos 24 horas con nuestra ropa interior: por eso es tan importante”

Glòria Figueres es diseñadora gráfica nacida en l’Ametlla de Mar en 1984 y residente actualmente en Reus, donde regenta la tienda física y online de Blaugab, proyecto que creó junto a su marido, Joan. Creativa ya desde pequeña, siempre le ha gustado las manualidades, dibujar, pintar, la fotografía, la música… Es muy apasionada con su trabajo y con su familia, que va creciendo. Y es que Nora, de 18 meses, en breve tendrá un hermanito. Estará en BioCultura BCN.

¿Nos podéis explicar cómo nace Blaugab?
Blaugab nace cuando decidimos apostar por un estilo de vida más saludable. Empezamos fijándonos primero en la composición de los productos alimenticios y practicando un poco más de deporte. Y después empezamos a cuestionarnos las etiquetas de las prendas de ropa. Nos dimos cuenta de que detrás de los textiles hay todo un ecosistema que desconocemos y que afecta al planeta y a nuestra salud.

ROPA INTERIOR
¿Por qué la especialidad en ropa interior con algodón ecológico?
La ropa interior es la prenda de ropa que llevamos cada día y, como no se ve, a veces le damos poca importancia o al menos no la importancia que se merece. Olvidamos que pasa 24 horas del día pegada a nuestro cuerpo cubriendo las zonas más delicadas. Por eso es importante que nuestra ropa interior sea lo más sana y natural posible, para cuidar nuestra piel y así evitar infecciones, irritaciones, y, a la vez, para que nos sintamos cómodas y cómodos todo el día. El algodón orgánico es un buen aliado ya que está libre de pesticidas, químicos y tóxicos, y además cuida el medio ambiente. Las prendas que tenemos tienen certificado GOTS y Fairtrade, que garantiza que son también de comercio justo.

-¿Además de la ropa interior que otro tipo de ropa tenéis?
Tenemos prendas que básicamente cubren la primera capa de nuestra piel, para que esté bien cuidada. Por ejemplo pijamas y calcetines de algodón orgánico para todas las edades. También encontraréis ropa deportiva, complementos como gorros o bufandas y también un poco de ropa casual.

LOS TEJIDOS
-¿Qué otros tejidos llevan vuestras prendas y porqué esos en particular?
La gran mayoría de nuestras prendas son de algodón orgánico certificado. En gran parte son  del 100% de algodón orgánico, y otras mezcladas con un 5% o 8% de elastán. Y por otro lado tenemos las que son de 100% lana merino o de 70% lana merino con 30% de seda, que son utilizadas en las prendas deportivas. La lana y la seda le dan a la ropa unas prestaciones muy interesantes. Como por ejemplo: retardan mucho la aparición de los malos olores como el sudor (no hace falta lavar la prenda después de cada uso), regulan muy bien el calor corporal (funcionan como térmicas), protegen de los rayos ultravioleta, repelen el agua, etc. Cabe destacar que la lana proviene de agricultura ecológica donde las ovejas están bien tratadas y cuidadas, sin mulesing, y todo certificado con el IVN NaturTextil. Somos muy exigentes en evitar todo lo que sea plásticos (acrílicos, poliésters, poliamidas…), así como otros textiles que usan tóxicos en su elaboración, como el bambú.

¿Hacia dónde va el sector del textil sostenible?
Creemos que hay como tres tendencias. Una sería la que hace referencia al upcycling. La otra, a la investigación de los nuevos tejidos; y la tercera, la que busca lo más natural y puro posible.

PLANETA MODA
-¿Qué te parece el trabajo que realizan plataformas como Planeta Moda?
Estamos muy agradecidos en formar parte del listado de Planeta Moda. Es una plataforma que, a parte de todas las acciones que realizan para visibilizar la moda sostenible, da voz y promoción a pequeñas y no tan pequeñas empresas, nos sirve para hacer piña entre nosotros, y en la unión está la fuerza.

-¿Qué cambios ha comportado en el mundo de la moda todo lo relacionado con la pandemia?
Antes de la pandemia, se veía una evolución creciente de todo lo relacionado con lo ecológico y sostenible, ya no solo en moda, sino en todos los otros sectores. Ahora, la pandemia ha sido un mazazo para todos y, aunque el sector sostenible quizás ha sufrido menos, le obligará a reinventarse. La gente está cambiando el chip y ya no ven el precio como la única opción… El mercantilismo de los últimos tiempos… está dejando paso a lo “auténtico”.
 
-¿Creéis que hace más daño que bien el greenwashing que utilizan las marcas convencionales y por qué?
El greenwashing es una respuesta de las grandes marcas a los cambios de hábito de compra del consumidor. Lo importante es este cambio. Y poco a poco se irá imponiendo. De aquí la importancia de hacer pedagogía y que el usuario tenga las herramientas para saber cuestionarse la transparencia de las campañas de marketing.

EL FUTURO
-¿Cómo imaginas Blaugab dentro de 10 años?
-Me imagino Blaugab más consolidado, con una oferta en ropa sostenible más amplia, dando cobijo a nuevas marcas, hasta incluso con alguna de propia. Con la misma ilusión con la que empezamos, que es la misma que la de ahora, o incluso más. Sin perder la esencia del trato cercano que tenemos con nuestros clientes. Y, al fin y al cabo, sintiéndonos orgullosos y plenos con nuestro proyecto, que en realidad, es nuestra forma de vivir.

MÁS INFO
www.blaugab.com
info@blaugab.com
T. 625 720 632
C/Vilaplana del Camp, 5
43203-Reus.

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Lapona, la primera empresa de alquiler de ropa de bebé por suscripción

Los bebés crecen tan rápido que apenas tienen tiempo de ponerse mucha de su ropa más de tres o cuatro veces: en cuestión de dos semanas un trajecito prácticamente nuevo se le queda pequeño sin haber podido amortizar su coste (que no siempre es equivalente al tamaño de la prenda). Para ayudar a las familias en la gestión del vestuario de sus hijos de hasta 2 años, llega Lapona, la primera empresa española sostenible de alquiler y reutilización de ropa infantil mediante suscripción, que permite ahorrar hasta un 30% al año en el presupuesto destinado a vestir a los más pequeños de la casa, renovando su armario cada mes con looks atractivos de primera calidad y evitando la acumulación de ropa de bebé.

La emprendedora al frente de esta innovadora propuesta de economía circular nacida justo al inicio de la pandemia es la española Patricia González Melgar, aragonesa de nacimiento. Inspirada en su propio bebé, y también con el deseo de contribuir a frenar el deterioro del planeta, decidió poner en marcha Lapona. En poco más de un año, la compañía ha conseguido implantar su modelo de negocio en toda España (excepto Canarias, Ceuta y Melilla) y en Portugal.

El sistema es sencillo: el cliente formaliza una suscripción en una de las tres modalidades previstas: mensual (39 euros), trimestral (195 euros) o anual (350 euros), sin compromiso de permanencia, de manera que puede darse de baja cuando lo desee. A través de un formulario, describe sus gustos y el estilo de ropa que desea para su bebé, y cada mes recibe en su domicilio un pack con diez prendas que se van adaptando a la evolución del tallaje, devolviendo las que ya ha utilizado. Lapona se encarga tanto de la entrega y retirada de la ropa como de su posterior limpieza y desinfección mediante un proceso totalmente ecológico (sin fosfatos y con detergentes hipoalergénicos), así como, si fuera necesario, de reparar cualquier posible desperfecto.

La compañía reutiliza para futuros envíos las propias cajas donde realiza las entregas, haciendo de su propia gestión un ejemplo de economía circular. En cuanto a las prendas, están confeccionadas por una decena de marcas españolas y portuguesas con proyectos originales y atractivos, de acuerdo con las últimas tendencias en colores y estilos, con algodones orgánicos y materiales naturales de primera calidad.

“El contenido de cada caja que enviamos a nuestros clientes es exclusivo y personalizado, y está valorado en cerca de 300 euros. Es decir, el precio de una sola pieza equivale a una suscripción anual de Lapona, por lo que nuestra propuesta representa un ahorro económico importante para las familias, que puede alcanzar el 30% en el caso de la anual”, apunta Patricia González Melgar, CEO y fundadora de la compañía.

Más allá de los beneficios para la economía familiar, la fórmula de Lapona también persigue la reducción del uso de materias primas, de la huella de carbono de los procesos de fabricación y distribución de moda infantil, y de la generación de residuos, en este caso en forma de ropa. Creemos que es posible avanzar hacia un modelo de consumo más consciente, más sostenible y responsable con el medio ambiente, sin por ello tener que renunciar a la moda ni a la calidad, subraya la creadora de Lapona.

Comentando el artículo “La Trampa del Algodón Orgánico”

Que también podría titularse: “No te fíes del algodón orgánico y mejor compra poliéster reciclado o algodón certificado BCI”.Un artículo publicado en abril del 2021, bajo el título “La Trampa del Algodón Orgánico” https://www.modaes.es/entorno/la-trampa-del-algodon-organico.html, cuestiona la producción de algodón orgánico, o ecológico, su certificación, y a la organización para la normalización de los textiles ecológicos más conocida (GOTS: Global Organic Textile Standard). Nuria Alonso nos propone una respuesta.

Todo se puede criticar y cuestionar, y es cierto que quizás no se pudiera producir tanto algodón ecológico en el mundo en estos momentos si a todos los consumidores nos diera por exigir exclusivamente algodón ecológico en nuestras prendas de vestir. Todas las opciones para producir y consumir de un modo más sostenible, que sea mejor para el medio ambiente y para las personas que trabajan en el sector, son interesantes. Lo que no se puede es tergiversar la información. Llamando a las cosas por su nombre y describiendo lo que son realmente, no hay problema, se puede hablar de todo. En este artículo tratamos de traer un poco de luz para ayudar a comprender este tema tan complejo, contestando al texto sobre la supuesta trampa del algodón ecológico…

Ya sabemos cómo funciona el negocio textil de las grandes cadenas presentes en todo el mundo con miles de tiendas y toneladas de ropa barata que se pasa de moda en dos días y hay que reponerla inmediatamente por más ropa parecida.

Las grandes marcas, que son las responsables de los bajos precios a los productores, del trabajo esclavo en el campo y el trabajo de mala calidad y mal pagado para los trabajadores de toda la cadena de producción, desde la fábrica hasta los que trabajan en las tiendas, son también los responsables de fomentar el consumo loco y la cultura del usar y tirar productos baratos, lo que provoca una demanda desbocada.

LOS TRAMPOSOS

Estos mismos principios de gran oferta y bajos precios se aplican ahora a las prendas de algodón ecológico, muy populares últimamente en las principales cadenas, y esta gran demanda lógicamente puede producir problemas de suministro y puede despertar el interés de los tramposos. Que no es que el sector del algodón ecológico y sus certificaciones sean tramposos por definición, sino que puede haber gente tramposa que trate de aprovecharse de la situación. Muy distinto. El artículo “La Trampa de Algodón Orgánico” es intencionada. Trata de crear un estado de opinión en contra del algodón ecológico y de su certificación. Por otra parte, las alternativas que ofrecen no son opciones que haya que elegir en lugar de comprar prendas de algodón cultivado como ecológico, sino que son otras acciones que se pueden tomar al mismo tiempo, como la de reciclar (se puede producir ecológico y al mismo tiempo reciclar prendas o telas ya producidas).

También habla de la trazabilidad del ADN, que no es una opción, es una herramienta para probar la autenticidad del algodón ecológico; y luego está lo de las producciones “sostenibles” que comento en detalle al final de este texto. 

LAS GRANDES MARCAS

Creo de verdad que a quien habría que controlar es a las grandes marcas. Sin ellas, o con ellas, pero si enfocaran el uso del algodón orgánico de modo más moderado, habría un crecimiento más lento de la demanda, más sostenible en el tiempo, y habría mucho menos fraude.

Pasó hace años algo así con las bayas de goji, que de repente tuvieron una demanda brutal: pues hubo mucho fraude con las bayas de goji ecológicas. Tanto que la certificadora Ceres anunció en aquellos días que dejaba de certificar goji en China porque se veía incapaz de controlar el fraude. No nos olvidemos de que la certificación ecológica es el único modo de saber que el algodón no es OGM, que se ha producido sin pesticidas ni abonos químicos ni herbicidas, y que en el proceso de fabricación de los textiles no se han utilizado químicos tóxicos par los trabajadores y el medio ambiente.

ALGUNAS AFIRMACIONS QUE LLAMAN LA ATENCIÓN EN EL ARTÍCULO:

1.A diferencia de otras estrategias más sofisticadas (como close the loop o reciclaje) el cliente entiende rápidamente que esta materia prima es mejor.
No tiene nada que ver: se puede producir textiles ecológicos y también reciclar, no hay que elegir entre una cosa o la otra

2. Noticias sobre otro escándalo que afectaba directamente al algodón: las acusaciones de explotación en la región china de Xinjiang, donde la minoría uigur trabaja en condiciones forzadas en las plantaciones de algodón…

He buscado noticias sobre este asunto en internet, noticias en español y en inglés. Hay bastantes referencias, pero en ninguna de ellas se menciona que este algodón del trabajo esclavo que se denuncia fuera algodón ecológico. De hecho, en este artículo tampoco dice que estas prácticas se dieran en plantaciones de algodón ecológico, pero al sacar el tema bajo un título de artículo…  “La trampa del algodón orgánico”, incita a pensar que se refiere al algodón orgánico. Por otra parte, hay que saber que GOTS incluye criterios sociales en sus estándares:

*Social: The Standard sets requirements concerning working and social conditions that are equivalent to those of leading social sustainability standards. GOTS social criteria, based on the key norms of the International Labour Organisation (ILO), United Nations Guiding Principles on Business and Human Rights (UNGPs) and Organization for Economic Cooperation and Development (OECD), must be met by all processors, manufacturers and traders. They must have a social compliance management system, with defined elements in place to ensure that the social criteria are met. 

3. Sobre GOTs (que se escribe en mayúsculas, porque son unas siglas, no Gots como escriben todo el rato en el artículo) y la acusación que contiene el artículo sobre un fraude masivo de algodón no ecológico vendido como tal en India: la organización acometió una auditoría que reveló que más de 20.000 toneladas métricas de algodón en India habían sido certificadas como orgánico sin serlo, creando códigos QR falsos que dirigían a una web clonada de la autoridad india para la exportación de artículos agrícolas (Apeda), cuyos certificados son admitidos por Gots.

GOTS explica este caso de fraude en su página web: se trata de un fraude producido por unos delincuentes, que fueron descubiertos; no de una especie de chanchullo de las certificadoras, que parece que es lo que se sugiere en el artículo. El fraude no se produjo en el proceso de certificación de la fabricación del producto, sino en los documentos de exportación, que son algo similar al certificado de transacción que se pide en la UE para la importación de productos agrícolas ecológicos.

4. Hablando sobre GOTS, el artículo dice:  “apunta un ejecutivo del sector: este estándar evalúa el proceso, pero no llega a la granja”.
Pues claro que no llega a la granja; GOTS empieza en el primer paso del procesamiento, una vez el algodón se ha cosechado. En la tierra, como cultivo que es, el algodón ecológico está certificado según las normas de producción ecológica: el Reglamento UE, el NPOP en La India, o el que corresponda, y el primer requisito de la certificación GOTS es pedir el certificado de la producción agrícola del algodón. De todos modos, los que han escrito este artículo se ve que no están muy duchos en temas de certificaciones, porque escriben mal los nombres de la mayoría de las certificadoras que mencionan: Control Union, Bio Inspecta, Ccpb, Ceres, Eccocert, Etko, GCL International y USB…

Aclaremos un aspecto importante antes de seguir: GOTS es la entidad que ha escrito la Norma GOTS para producción de textiles ecológicos, y se encarga de la difusión y promoción de este sistema de producción. La certificación no la hace GOTS, sino que se encargan entidades de certificación profesionales y acreditadas, que han sido aprobadas por GOTS para certificar según su Norma. Algunas de las más antiguas y más conocidas certificadoras de la producción ecológica certifican según GOTS…

5. Críticas a las certificadoras y sus costes: “Por cada certificado, una pyme, que son mayoría en la industria de la moda, paga entre 2.000 euros y 5.000 euros al año, además de una cuota anual que varía según las fábricas analizadas y el tipo de auditoría que requiere el certificado.De media, sólo lo que se paga por los certificados de Gots (sin contar las cuotas) generaría unos ingresos de entre veinte millones y cincuenta millones de euros para las certificadoras”.

Habría que pedir presupuesto a cada certificadora para rebatir estas cifras, pero los números me suenan exagerados. El coste de la certificación varía mucho caso por caso y además, en los que se refieren a importaciones de países terceros, muchas veces el que lo paga es el importador, al menos al principio, porque si quiere un producto y el productor local no lo puede pagar, se la paga para poder tener ese producto que le interesa. Por otra parte, sobre ganancias de las certificadoras, Control Union o Ecocert ganan mucho más dinero que las pequeñas certificadoras, desde luego, pero la certificación no es un negociazo, y menos la de productos ecológicos, que es compleja y necesita personal especializado y una acreditación cara. ¡No es el negocio donde invertiría el dueño de Amazon para ganar más dinero rápidamente!

CUESTIONANDO LO ECOLÓGICO

Luego dice que si no se pagaran a las certificadoras habría no sé cuánto dinero de más disponible, pero ¿disponible para hacer qué? El artículo comenta lo difícil que es controlar la trazabilidad de la producción, el mucho fraude que hay, y al mismo tiempo dice que sobran las certificadoras, que son las que llevan a cabo el control de la trazabilidad y tratan de evitar el fraude. Se certifica de todo en este mundo, tornillos, barcos, sistemas de calidad… Casi todos los productos que salen al mercado están certificados de una manera u otra; y nadie se mete con esto. Lo que se cuestiona siempre es la certificación de productos ecológicos, y al supuesto gran negocio que esto supone. ¿Es por desconocimiento sobre lo complicado y costoso que es ofrecer un servicio de certificación para estos productos o porque hay algún interés detrás? Podemos estar seguros de que la Norma y certificaciones GOTS tiene fundamentos sólidos, creados por los que saben lo que es la producción ecológica y en manos de certificadoras asentadas en la producción ecológica desde hace décadas.

6. La solución 

·Reciclar (algodón o poliéster): sí, ya lo he comentado, muy buena idea, no incompatible en absoluto con la producción ecológica de textiles.

·El Better Cotton Initiative- BCI (u otras iniciativas que se refieren a la “producción sostenible”) BCI es una entidad dedicada a la promoción de cultivos sostenibles de algodón en entornos socialmente responsables, más respetuosos con el medio ambiente y económicamente sostenible, pero no orgánico stricto sensu. El objetivo de la plataforma era que para finales de 2020 cinco millones de agricultores, el equivalente al 30% de la producción mundial, hubieran hecho la transición.
Por cada kilo de fibra de algodón vendido por los desmotadores que participan en el programa, los miembros de BCI (que van desde hiladores a comerciantes) obtienen una Unidad Atribuida de algodón Better Cotton (Bccu). Después del desmote, BCI utiliza un sistema de balance de masa para validar la cadena de custodia en el que los proveedores sólo deben registrar el volumen de sus compras y ventas en relación al algodón Better Cotton, pero no tienen que segregarlo físicamente.

Aquí he puesto la letra en cursiva, que se le había quitado, porque es cita literal del artículo que estoy comentando.

DEFINE “SOSTENIBLE”

Todo lo que sean iniciativas para eliminar tóxicos de la cadena de producción, mejorar las condiciones de trabajo y ofrecer productos más sanos a precios razonables a los consumidores, es interesante conocerlo. Puede haber más ideas además de lo que conocemos como “ecológico”, de acuerdo. El problema es si estos términos se utilizan para blanquear sistemas de producción más baratos y más fáciles, que benefician sobre todo a los grandes. Con la gran ventaja de que el consumidor lo percibe como algo positivo sin saber exactamente la diferencia entre esto y el algodón orgánico. Si se define y se explica bien lo que cada cosa para que la gente pueda elegir, pues bien; cuantas más opciones, mejor, pero no suele ser este el caso.
Este artículo dice que la producción ecológica, que está reglamentada desde la semilla hasta el último botón de la prenda, y certificada por entidades acreditadas que tienen que demostrar su calidad e independencia, no es fiable. Al mismo tiempo, lo que ofrecen como mejor alternativa es algo que suena bonito, pero no se concreta lo que es, se define con el ambiguo término de “sostenible” y, además, está basado en el “balance de masas”. Ahora os explico lo que es esto: Ya existen en alimentación iniciativas similares, probablemente la más exitosa sea UTZ, que se usa para café, cacao, té y varios productos de este tipo. La producción de la materia prima se basa también en unas normas generales de sostenibilidad (por ej., no se prohíben los pesticidas y abonos químicos, pero los limita) e incluye también ciertos criterios sociales. Esto pasa con el algodón “sostenible” también. En la página web de BCI se pueden ver los principios para la producción del algodón. Cosas muy generales; a mí me suena más a “brainstorming” que a una norma con requisitos concretos que se puedan implementar.

Principles and Criteria
The Better Cotton Principles and Criteria lay out the global definition of Better Cotton, by upholding the following seven principles:
· BCI Farmers minimise the harmful impact of crop protectionpractices
· BCI Farmers promote water stewardship
· BCI Farmers care for the health of the soil
· BCI Farmers enhance biodiversityand use land responsibly
· BCI Farmers care for and preservefibre quality
· BCI Farmers promote decent work
· BCI Farmers operate an effective management system

DESCRIPCION DE LOS PRINCIPIOS DE BCI:

Y luego hay otro documento que describe un poco más cada uno de los principios, pero no mucho más:

BCI Farmers minimise the harmful impact of crop protection practices BCI supports farmers in developing a better knowledge and understanding of practices that minimise the potential harmful effects of pesticides and in adopting Integrated Pest Management technologies with an emphasis on the use of pest control techniques other than pesticides.
Los criterios de la norma BCI para la industria textil se basan en el balance de masas, que es lo que hay que revisar cuando se va a la inspección. En el caso de UTZ se basa en el mismo criterio, esto quiere decir que la fábrica se compromete a comprar X toneladas de café UTZ, por ej., y de usarlo en sus productos, pero sin saber en qué producto final va a ir ni en qué % va. Solamente se pueden controlar las entradas del producto UTZ, según entra, se va gastando (se mezcla con la materia prima convencional), y entonces el stock virtual va disminuyendo y hay que comprar más. En cuanto al producto físico, como se mezcla todo, la trazabilidad no llega al producto final; y por eso puede pasar que te compres una tableta de chocolate con el sello UTZ y esta tableta no contenga ni un gramo de cacao UTZ. Muchas de las grandes marcas mundiales de café y chocolates usan UTZ. Les favorece mucho, porque demandando las materias primas con estas certificaciones adquieren un compromiso ético de apoyar a la producción llamada sostenible y a sus trabajadores, pero la mayoría del cacao o café que compran no es UTZ. Sin embargo, sí que se puede encontrar el sello UTZ en muchos de sus tabletas de chocolate u otros productos.

BCI

En el caso de BCI, hay una plataforma digital Better Cotton Platform donde se registran los movimientos de algodón BCI dentro de la cadena de producción, pero no se hace una trazabilidad física, solo de cantidades. Por eso, los proveedores no pueden vender algodón BCI físicamente diferenciado, y no pueden decir que ellos tienen algodón BCI, como sí pasa en la producción ecológica en todas las etapas de la cadena de producción; pero sí se puede usar el sello BCI en las prendas de vestir. Los compradores, que tienen que ser miembros de BCI, pueden usar el sello si compran a partir de un 10% de algodón BCI (que no les llega físicamente como tal a sus fábricas o tiendas, solo compran en cifras) y tienen que llegar al 50% en un plazo de cinco años.
En el sistema de producción ecológica es todo mucho más claro y fácil de entender, porque se puede trazar físicamente cada etapa de producción: (yo produzco 100 TM de algodón ecológico, los meto en un contenedor de un barco mercante, y te los vendo: tú los compras y haces camisetas, las camisetas que se puedan fabricar con 100 TM de algodón. Luego les pones la etiqueta de la certificación de textil ecológico, y las vendes) teniendo en cuenta que en este ejemplo se ha simplificado mucho, porque en la producción textil la venta no suele ser directa entre productor y vendedor final, si no que suele haber varias etapas en el proceso de producción donde intervienen distintos actores. Todos ellos tienen que estar certificados y todos ellos pueden decir cuántas TM de producto ecológico compran y venden y cuáles son estos productos, exactamente, que salen etiquetados en cada etapa de producción.
Además, estos sistemas de producción llamada sostenibles, también se certifican, ya habla el artículo de la certificación BCI, y los costes de certificación de estos sistemas no son menores que los de la certificación ecológica, por lo que yo conozco. Si no fuera así, sí que sería completamente imposible demostrar cómo se ha producido ese algodón. Entonces ¿todos esos argumentos del coste y la supuesta poca fiabilidad de la certificación en el algodón ecológico como se sostienen si lo que se sugiere como alternativa es otra certificación?
Y la certificación BCI parece bastante complicada: hay certificación de terceros (certificadoras), de segundos (la propia organización BCI) y un sistema de auto-control de los propios productores.

The BCI assurance model is unique in that it combines third-party verification with second-party assessments by BCI, support visits by Implementing Partners (IPs), and regular self-assessments by Producers themselves.

¿Y cuáles son las certificadoras que trabajan con BCI? Pues en muchos casos son certificadoras que también certifican producciones ecológicas, Control Union, Indocert, Bureau Veritas, SGS, Ceres, entre otras, y algunas son las mismas que controlan el algodón ecológico. En esta lista se pueden encontrar.

Y entonces, estas certificadoras, tan poco fiables para la producción ecológica, ¿sí lo son si certifican BCI? Y si es tan cara la certificación ¿no es cara si se hace para BCI?
Lo que hay que saber es que con estas normas llamadas sostenibles y sus certificaciones de balance de masas los que más ganan son las marcas que usan los sellos que las representan, porque comprando solamente un cierto % de materia prima certificada… pueden poner el sello en muchos de sus productos.

LA VERDADERA DIFERENCIA

La verdadera diferencia en los sistemas de producción y consumo están en la escala: pequeña y mediana escala o gran escala. Las iniciativas personales o familiares o las de unos pocos socios en comparación a la economía manejada por las grandes empresas.
Pasa en alimentación, también hay plantaciones que son inversiones de grandes empresas o grupos, que cumplen con el Reglamento UE pero que es una agricultura de sustitución de insumos. No es concepto con el que empezó la agricultura ecológica. Pasa en cosmética, y pasa en textil.
Creo que los pequeños no van a acabar nunca con las grandes empresas y los grandes intereses, pero deben tener su espacio para desarrollarse. La producción ecológica fue cosa de pequeños desde sus inicios. Ahora que se mueve mucho dinero con la comercialización de productos ecológicos, sostenibles, naturales, etc., se despierta el interés de los grandes, lo cual hace que se difunda y que mucha más gente conozca estos tipos de producción, pero también tiene sus peligros.

Nuria Alonso, de la Certificadora BioVidaSana, es Ingeniera Técnica Agrícola. BioCertificación S.L. Girona. Tras adquirir experiencia profesional en el Reino Unido y Alemania (IFOAM), ha trabajado en el campo de la certificación en distintos países con distintas certificadoras. Ha trabajado durante muchos años certificando e inspeccionando para distintas normas, no solamente el Reglamento UE, sino también según el NOP de los EEUU, el JAS de Japón y diversas normas privadas como las de Soil Association, Naturland y Bio Suisse. Durante su vida profesional también ha participado en diversas actividades de consultoría y formación relacionadas con la certificación de productos ecológicos. Desde el 2010, desde su empresa BioCertificación, S.L. coopera con Vida Sana para la elaboración de la norma de cosmética natural y ecológica BioVidaSana encargándose del proceso de control a las empresas y productos certificados BioVidaSana junto con la certificadora internacional bio.inspecta. 

Natalia (Saüc Botiga Sostenible): “Es necesario un cambio urgente de la moda fast fashion a la moda slow”

Saüc Botiga Sostenible es el fruto de la inquietud de una madre con tres hijos, inquieta y perseverante, para intentar cambiar los hábitos de consumo de la ciudadanía desde la moda fast fashion a un tipo de consumo más próximo, ecológico, respetando los derechos de los humanos, de los niños y de los animales. Todas esas inquietudes se plasmaron dando de nuevo vida a una antigua carnicería familiar, situada en una plaza en el barrio de Sants (Barcelona), una zona de la ciudad donde antiguamente había estado lleno de comercios de proximidad y donde, dice Natàlia, “yo me he propuesto trabajar y hacer realidad mi propio sueño”. Sauc forma parte de la nueva Guia de Comerç Verd de Sants-Montjuïc publicada dentro de un proyecto de apoyo al comercio sostenible de proximidad llevado a cabo por la Asociación Vida Sana y Rezero con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona.

¿Cuáles son las marcas que vendéis en vuestra tienda?
Las marcas de ropa de adulto que tengo en tienda son: Tiralahilacha, Bloi, Baobag yThinking Mu. De ropa infantil: Tiralahilacha, Monbadabadoc, Akirecrea, Petit Pomelo i Ual.la Barcelona.

¿Por qué os decidisteis en su momento por el textil sostenible?
Porque creo que se necesita un cambio urgente de consumo de ropa, ya que es una de las industrias que más contamina el medio ambiente en todos sus procesos de producción y deberíamos cambiar del fast fashion a la moda slow, hecha en pequeñas producciones en talleres locales y con tejidos ecológicos, para mejorar el nuestra relación con la Naturaleza y la sociedad realizando cambios de hábitos de consumo.

¿Qué certificación tienen las prendas que vendéis en vuestra tienda?
GOTs, Fair Trade, OEKO Tex…

¿A quién van dirigidos esos productos? ¿Quién compra vuestras prendas?
Gente concienciada con el medio ambiente y con la sostenibilidad, gente que busca ropa diferente, que quiere ropa duradera, que respeta los derechos de las personas que elaboran esas prendas.

¿Aumenta la concienciación de la ciudadanía?
Sí. Cada vez más la gente está más concienciada de que este es el camino.

¿Tras la pandemia, se vende más online y menos en tiendas o al contrario?
En mi caso, todo lo contrario: vendemos mucho más en tienda. Mucha gente se ha dado cuenta de que el pequeño comercio local es un gran motor de nuestra eco-nomía.

¿Cuál es el balance que hacéis desde que empezasteis con esta aventura?
El balance es muy positivo. Cada vez más gente está concienciada e intenta cambiar a un consumo más responsable y de proximidad.

Óscar Montón (Trankilament): “Nuestras prendas tienen varios certificados que nos garantizan las buenas prácticas en su fabricación”

Desde Trankilament nos dicen: “Nos gusta vivir respetando el medio ambiente y a las personas, por esto nuestras prendas están fabricadas de forma sostenible y ética, con materiales muy suaves que también respetan nuestra piel. El algodón ecológico que las compone permite reducir el consumo de agua y permite la rotación del cultivo en los campos, así como el reciclado de los desperdicios para la alimentación animal”. Hablamos con Óscar Montón, uno de los responsables de Trankilament.

Montón señala: “Diseño y estampo las prendas desde Baleares, intentando hacer el máximo del proceso aquí, en casa. Por tanto aportamos todo lo que podemos por la economía local. Además todo tiene los certificados GOTS de producción ecológica. PETA, de no utilización de animales en los procesos. Y FAIR WEAR, de producción ética. Por tanto, vestir Trankilament es sinónimo de vestir con conciencia a la vez que también es vestir ropa que es delicada con nuestra piel. Porque nuestros productos no contienen químicos ni productos tóxicos para el organismo humano”.

¿Por qué vuestro textil es sostenible?

Por varios factores, además de por los certificados internacionales que nos avalan como es GOTS, certificado que garantiza la no utilización de productos químicos en los procesos de fabricación y un cultivo sostenible gestionando bien el agua y el entorno. Como digo, por varios motivos. A lo dicho hay que añadir, además, nuestros procesos que son siempre Zero Waste porque utilizamos materiales reciclados en nuestros envíos y minimizamos al máximo el uso de plástico, el cual hemos casi reducido al 100%. Es así porque creemos firmemente en la necesidad de aportar nuestro granito de arena a un cambio planetario.

¿Cómo definirías vuestros diseños?

Nuestros diseños son artísticos y con un estilo propio. Al crearlos siempre exploramos nuevas técnicas para crear texturas, trazos, composiciones y finalmente pequeñas ilustraciones únicas, intentando que cada uno de ellas sea una pequeña obra de arte. Actualmente y a la vista de las circunstancias actuales hemos decidido ir más allá e ir creando nuevos motivos continuamente para alimentar nuestra colección de manera continua, y que así nuestros clientes (ya sea directo o pequeño comercio) encuentren algo nuevo en nuestra web cada poco tiempo. Se harán series limitadas y sólo haremos repeticiones de algunos de ellos.

¿Qué certificación tiene el algodón u otros materiales con los que elaboráis vuestras prendas?

Nuestras prendas tienen varios certificados que nos garantizan las buenas prácticas en su fabricación y procedencia: Fair Wear, GOTS, Peta Vegan, 100 Organic. Además de Global Reclyced Standard y Aeko-Tex. Básicamente utilizamos algodón orgánico y alguna vez tenzel pero no descartamos añadir cazadoras hechas con plástico reciclado y más.

¿A quién van dirigidas esos productos? ¿Quién compra vuestras prendas?

Nuestras prendas van dirigidas a todo el mundo. Intentamos mantener precios razonables para que tener una prenda ecológica no resulte un esfuerzo. Evidentemente ofrecer los precios del fast fashion es imposible, pero tampoco queremos, ya que somos partidarios de un consumo responsable. Nuestro público suelen ser amantes de la naturaleza y gente concienciada con la ecología y el comercio justo.

¿Cómo veis el mundo del textil sostenible en nuestro país? ¿Hacia dónde se dirige?

Como siempre vamos a la cola, pero cada día somos más marcas las que ofrecemos productos sostenibles y a mejor precio. Eso y la posibilidad para el cliente de tener una prenda, un producto o un regalo más exclusivo, producido con cariño, cerca de casa y a pequeña escala, creo que nos van abriendo camino.

¿Qué ha cambiado en este sentido tras la pandemia? ¿Ahora se vende más online?

Da la sensación de que sí, de que se vende más online, pero esperemos que se vuelva a trasladar la venta al pequeño comercio y que todo se normalice. De todas maneras imagino que los que han notado más la subida de las ventas online son los monstruos del comercio online.

¿Cómo empezó esta aventura y cuál es el balance que hacéis ahora?

¡La aventura sigue! Empezó ya hace años cuando nos dimos cuenta de que había que hacer algo, por poco que fuera, por el medio ambiente y por las personas. Yo soy diseñador gráfico e ilustrador y siempre me había picado el mundo de la moda, la serigrafía… Y tras unos años con otra marca que diseño, Amb la Calma, decidí empezar con el algodón orgánico, etc. ¿El balance? Bueno, la clientela es fiel y repite, y eso es muy gratificante. En algunos markets y ferias, como BioCultura, al entrar en contacto con el cliente final, las sensaciones son muy buenas. Ahora, lo que necesitamos es que todo se normalice un poco y ¡seguir!