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Caboclo: Una aventura social y ecológica

El sueño de los hermanos Lima, Leo y Juliano se hizo realidad en 2007. Un año antes, y dentro de su filosofía, ya comenzaron a trabajar con “joyería” realizada con semillas de diferentes pueblos de Brasil. Pero su deseo de rescatar la fabricación artesanal de las culturas antiguas, que se estaba perdiendo a pasos agigantados, hizo que se pusieran en marcha y estudiaran la posibilidad de hacer resurgir toda una tradición cuyo resultado fue Caboclo. La presentación de unas sandalias realizadas bajo los siguientes criterios: un buen diseño, utilización de materiales reciclados, hechas a mano y con un trasfondo social. Con dos tiendas en el Gótico de Barcelona empezaron la andadura que se extendió por diferentes ciudades de España y después se internacionalizó a otros países, principalmente Europa, EEUU y Japón. Hablamos con Juliano para que nos explique más sobre los proyectos actuales y futuros.

Juliano Lima en su tienda Caboclo de Barcelona.

Juliano Lima en su tienda Caboclo de Barcelona.

¿Cómo surge la idea de apostar por la moda sostenible, ecológica y social?

Decidimos apostar por el trabajo artesanal, pero también dando la misma importancia a la materia prima usada. Caboclo tiene una trayectoria de 11 años y cuando empezamos,   la moda sostenible tampoco era  tan popular como es ahora. Pero para nosotros, siempre nos pareció la manera más congruente de montar una empresa de moda. El consumo es el mayor poder que tenemos,  y a día de hoy vale más que nuestro voto; y sí, nuestra misión era intentar incentivar a las personas a consumir de una manera humana y más sostenible, porque si cambiamos la forma de consumir las empresas se verán obligadas a cambiar sus propuestas.

¿Qué tipo de tejidos utilizáis?

Utilizamos cuero natural, curtido en procesos naturales 24 veces más lentos que el industrial y reciclamos neumáticos de coches para las suelas.

Cuéntanos cómo es el proceso de creación y elaboración.

Tenemos una línea muy sobria de zapatos y sandalias. Nuestra mayor línea de pensamiento es desarrollar un zapato de cuero que pueda ser bonito hoy y de aquí a 10 años… diseño minimalista y sencillo que se pueda usar en diferentes ocasiones; por ejemplo, nos gusta mucho lo antiguo, pero también nos fijamos en la calle donde observamos las tendencias, de ahí la inspiración a la hora de diseñar. Cada uno de nuestros zapatos está realizado a mano en Brasil por nuestros artesanos. Es una premisa básica, la elaboración y la materia prima vienen determinadas sobre la creación; de nada sirve dibujar un zapato sobre papel si es imposible producirlo artesanalmente. Nuestras colecciones son un proceso entre los maestros artesanos y nosotros, unimos la técnica con la creación.

¿Trabajáis con alguna certificación? ¿Contáis con ayudas en Brasil?

No trabajamos con ninguna certificadora ni tenemos ayudas del Gobierno de Brasil; tampoco en España están por la labor. El tema de la certificación, desafortunadamente,  es muy cara de obtener: mandar a una empresa europea o estadounidense para que nos den la certificación tiene un coste sin sentido. Creemos en el trabajo de nuestros artesanos y los materiales que utilizan, ese es nuestro mejor certificado.

Sandalias Caboclo para mujer elaboradas con cuero natural y neumáticos reciclados.

Sandalias Caboclo para mujer, elaboradas con cuero natural y neumáticos reciclados.

¿Cuáles son los principales problemas que habéis encontrado para sacar adelante un proyecto como el vuestro?

Todas las grandes empresas de moda tienen una subvención enorme de los gobiernos. La forma en que está siendo desarrollada la moda en los últimos 15 años es de las industrias, que además de poderosas, están entre las que más contaminan, aunque el comprador no lo sepa. Las grandes multinacionales han hecho mucho daño a la mentalidad del consumidor actual, hacen creer que una camisa cuesta 6 euros o un zapato 30 euros, y esto es lo más difícil de explicar al posible comprador: es de locos, para que alguien use una camisa de H&M, Zara o Primark, hay alguien pagando muy caro en alguna parte del mundo, sin olvidar el terrible impacto ecológico que con sus acciones provocan. Toda esta masa de ropa acaba enterrada en los vertederos y con ello sus químicos, que se meten en las entrañas de la tierra, matando poco a poco nuestro planeta.

¿Has percibido un cambio en el comprador? ¿Una mayor preocupación por lo que adquieren?

Sin duda sí. Hoy, con toda la información que hay sobre el problema de la Fast-Fashion y también la conciencia de que tu piel es el mayor órgano de tu cuerpo, la gente ya no quiere solamente comprar verdura ecológica o utilizar cosmética con certificación. Saben que la moda es una importante manera de expresar sus ideales a través de su ropa del día a día. Muchos clientes dejan de comprar en grandes cadenas para volver a mercados a buscar cosas vintage.

Más allá de la concienciación de la población que corre a cargo de asociaciones o de productores como vosotros, ¿creéis que es necesaria una regulación?

Regular va con política y hasta ahora política va con la gran empresa. ¿Quién lo regularía? ¿Iniciativas pequeñas como nosotros o grandes firmas tipo Inditex? Nunca la moda vivió un monopolio tan grande. Yo creo más en las personas y en el poder de la información para que los propios consumidores sean los que regulen el mercado.

Tenemos el hándicap de que el coste de las prendas ecológicas o sostenibles continúa siendo una barrera para el crecimiento del sector. ¿Qué futuro le deparas? ¿Crees que el cambio de hábitos en la población hará que bajen los precios al aumentar el consumo?

Todo producto tiene un coste real y éste debe ser valorado por su trabajo y dedicación. Lo más importante aquí es saber que ese coste social y ecológico de tu producción son aquellos que repercuten en la elaboración de un producto. Las personas somos parte del ecosistema y desarrollar productos verdes que no miren a los trabajadores involucrados en el proceso de producción, sería mirar a otro lado. En este momento sí que puede ser una barrera el precio, aunque si conocemos el producto sabemos que su calidad es muy superior. Las grandes empresas ven que esa porción no pueden perderla y se están apuntando al carro de lo verde, pero usando los mismos métodos que en el resto de su fabricación. Cada vez más, el consumidor está mucho más informado y sabrá que sus hábitos serán determinantes para cambiar el sistema. El futuro no será la compra de un producto, será la compra de una historia.

Por: J.Carlos Moreno, Director Técnico de BioCultura y responsable de Planeta Moda.

 

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